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El hombre mediocre o la utopía de la aristocracia del mérito en josé ingenieros

07/06/2009 13:13 3 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un balance entre los planteamientos del autor argentino José Ingenieros, vista desde los elementos necesarios para construir una buena sociedad y aquellos aspectos que no dejan de caer en la utopía

Para Ingenieros, en su obra El hombre mediocre (1913), la vida en general está regida por el continuo cambio evolutivo que, en la esfera humana, conduce hacia la perfección de la Humanidad. Así la vida tórnase un proceso de búsqueda de la perfección mediante ideales o motores individuales de cambio evolutivo hacia la perfección, independientemente de si esos ideales sean errados o no en el porvenir y pueden incuso ser contradictorios en una misma generación.

Los idealistas son individuos cualitativos que portan ideales propios, hábitos originales y cuando luchan por su concepción, alcanzan la gloria que es contraria al mérito que logran los falsos idealistas en las mediocracias; así, su virtud es la originalidad del individuo que busca la perfección. Entre los idealistas los hay románticos, cuyo motor es únicamente el sentimiento, y estoicos, cuya eficiencia proviene de una mezcla entre el sentimiento y la experiencia a la hora de conformar y concretar su Ideal. Entre ellos oscila el poeta que cantan su Ideal, el sabio que lo definen, el santo que lo enseña (y no debe confundirse con el bueno, cuya originalidad es una virtud más pequeña al guiarse únicamente por el corazón y no tener un Ideal) y el héroe que lo ejecuta. Así, sólo el idealista puede ser el hombre de genio que posee una configuración biológica favorecida por la evolución, sensibilidad, ingenio y educación; no es loco y requiere de periodos de aislamiento; se equivoca a veces y sus equivocaciones son necesarias al movilizar masas en inercia y su fuerza es la fe que le hace respetar su Ideal frente a las ideas de los otros y no el fanatismo, propio de los siervos esclavos que tratan de aniquilar las ideas de los demás. El idealista es el hombre que tiene virtud, dignidad y orgullo; sentimientos que lo hacen ser amando sus propios logros y no parecer como las sombras o los esclavos serviles que viven al son de la opinión común y la vanidad.

De esa manera, los idealistas están llamados a conformar la aristocracia del mérito, una forma de gobierno donde la justicia es la desigualdad que salvaguarda la originalidad del Ideal y no la mediocridad de las sombras; capaz de concretar una nación, cuyo requisito más elevado es conformar la Patria o su unidad moral, que está por encima del país mismo o su unidad territorial y del Estado o su unidad de equilibrio.

Dentro de las sombras o los mediocres se encuentran los calculadores fríos que le apuestan únicamente a la experiencia y renuncian a todo sentimiento por lo que son cuantitativos y no pueden conformar un Ideal; los falsos idealistas que pregonan como verdad los preceptos sociales conservadores y están al asecho de cualquier originalidad, de cualquier Ideal, viviendo del mérito que le otorgan los otros mediocres, al carecer de gloria; los dogmatistas conservadores que guiados por la rutina son mediocres, vulgares y conforman la mayoría que sigue hábitos impuestos. Ahora bien, en el grado más bajo de los mediocres se encuentran los honestos que están entre los virtuosos y los hipócritas y forman parte del alma social, sin una leve seña de originalidad; no delinquen por miedo al castigo y no por no desearlo; están propensos a caer en la hipocresía y cuando se encuentran en el límite de ésta con la honestidad, se convierten en seres inadaptados propensos a delinquir y cómplices de los delincuentes.

En un nivel más bajo que los mediocres se encuentran los hipócritas, que son peores que los que mienten, ya que alguno puede mentir sin saberlo, pero todo hipócrita lo es por su conciencia; poseen una doble moral y son perversos, a pesar de tener un alma individual, como los idealistas.

Los mediocres constituyen las mediocracias, periodos de estancamiento propios de las burguesías de mercaderes y empresarios sin ideales donde cualquier Ideal es sospechoso, surgen falsos idealistas y los mediocres forman partidos conforme a las normas sociales conservadoras, mediante los cuales superan en número y tratan de refrenar a los virtuosos. El parlamentarismo es uno de sus reflejos, ya que es causa de contaminación de los ideales. La democracia, por su parte, nunca ha existido en ningún lugar ni en ninguna época y es la forma de gobierno que aplaca los méritos individuales de los genios virtuosos frente a la masa de mediocres, mediante el sufragio o el plebiscito. La aristocracia de la sangre tampoco se escapa de las mediocracias, ya que concentra el poder de los ineptos y genera oligarquías. En ellas el virtuoso no es necesario y pasa por loco, injusto o inadaptado.

Estos periodos de estancamiento son necesarios, como lo son los momentos propicios de la historia donde el virtuoso realiza su Ideal conformándose como premisa o punto corolario de una época o generación. Ese es el poder de los hombres de ingenio.

El odio es un sentimiento propio de los despiadados que puede recaer sobre un ser humano o una cosa y por lo general es propio de los mediocres y los hipócritas, aunque en contadas ocasiones puede ser un noble sentimiento. La envidia es más baja que el odio y nunca es noble, ya que es un sentimiento de inferioridad del débil y mentiroso; constituye la defensa de las sobras contra los hombres; los agrupa en sectas. Su contraparte es la emulación, noble sentimiento de potencialidad con respecto a lo que otro posee, sabiendo que se puede lograr por los propios medios. Celo es un sentimiento que se remite a la posesión de algo frente a otro. Así, algunos de los sentimientos pueden ser propios tanto de los virtuosos como de los mediocres e hipócritas, mientras que unos pertenecen sólo a los primeros y otros sólo a los demás. Contrariamente, la vejez llega a todos por igual para concretar ese cambio continuo en el cual se desenvuelve la búsqueda perpetua de la perfección en la evolución misma de la naturaleza; sin embargo, los mediocres no tienen mucho que perder con ella, los hipócritas incrementan su falta de virtud y los virtuosos se ven sometidos a un proceso de decadencia, pasando del idealismo a la mediocridad y de ésta a la inferioridad mental en un proceso de involución física, psíquica e intelectual. De ahí que los idealistas son seres jóvenes y vigorosos y si no lo han sido durante la juventud, no se puede esperar que lo sean durante la vejez. La aristocracia del mérito no es nunca el gobierno de los ancianos sino de los jóvenes virtuosos.

***********

La evolución en la obra de Ingenieros es fatal y dual; por un lado, conlleva a una incesante búsqueda de la perfección de la Humanidad, a través de ideales individuales y, por otro, reconoce que la muerte de cada individuo se da cuando éste llega a la decrepitud. O sea, tal fatalidad posee una rama entusiasta y una desconocida.

La rama entusiasta la podemos catalogar de ingenua, ya que admite un solo objetivo de la humanidad, la perfección, sin admitir que pueda perseguir algo que considere no virtuoso, ni siquiera en los periodos de estancamiento o mediocracia –ni en los de decadencia- donde pueden surgir fines utilitarios y pragmáticos sin fijar la vista en la perfección de la humanidad sino en el confort de algunos. Además, a pesar de la importancia de la perfección en su pensamiento, el concepto de perfección es vacuo, ya que puede comprender ideales contradictorios donde lo único que impera es la originalidad que propicia el cambio o el ir hacia algo desconocido que el autor, para evitar el pesimismo, llama perfección.

Ese algo desconocido se plasma en la segunda rama de la fatalidad que es la muerte, de lo que se puede desprender que el trasfondo substancial de su planteamiento es un devenir hacia la muerte, ¿qué es la perfección?, ¿qué diferencia lo que es un ideal de lo que no lo es? Tales preguntas adquieren mayor complejidad si admitimos la existencia de ideas que parezcan ser ideales sin serlo. Debe haber un punto de partida, una medida que permita responder a esas preguntas si se quiere identificar a aquéllos aptos para gobernar en la aristocracia del mérito. En el texto parece ser que tal medida es la idea o el Ideal que tiene el autor a la hora de escribir, ya que coloca arbitrariamente una serie de atributos sobre el virtuoso y lo diferencia del mediocre, al cual también describe minuciosamente e incluso lo hace responsable de los gobiernos parlamentarios, democráticos, aristocráticos por sangre y oligárquicos. La ausencia de una medida descrita adecuadamente nos conduce nuevamente hacia el vacuidad de lo planteado y al contenido substancial mencionado anteriormente, el devenir hacia la muerte. Hay en el texto una marcada contradicción con la realidad; si los ideales pueden ser contradictorios siempre y cuando sean originales y pertenecientes a hombres individuales, la aristocracia del mérito no encontraría un consenso de acción, ya que cada uno pretendería realizar su propio ímpetu, conformando así una cámara de tiranillos incapaces de gobernar; de ahí la utopía y la anti-utopía de esta forma de gobierno.

Por otro lado, el planteamiento recae en cierto radicalismo, original o no, al dividir a los seres en virtuosos o no virtuosos, como si existieran seres completamente buenos y seres completamente malos, ¿acaso no hay seres complejos entre nuestros genios y nuestros mediocres?, ¿acaso usted, lector, o cualquier otro no ha hecho cosas buenas y cosas malas, cosas que considera virtuosas y cosas que no y no por eso se considera un ser virtuoso o carente de virtud?, ¿No habrá un patrón ético implícito en el patrón de virtuoso que plantea Ingenieros, similar al propio del superhombre nitzcheano? En tal caso, el patrón del virtuoso no debe ser aquel que tenga un Ideal, independientemente del contenido del mismo, ya que todo ser que trabaje sin descanso para lograr algo podría calificar como idealista y ser virtuoso al considerar ese algo como su Ideal, incluso si fuera un falso idealista, un hipócrita o un delincuente.

Ahora detengámonos un poco más en el concepto de evolución. El autor admite periodos de estancamiento, donde impera el conservadurismo y periodos de agitación liderados por la virtud de seres individuales. O sea, nos encontramos ante un pensamiento en parte hegeliano (si separamos a los seres individuales de la Virtud misma de una época y entendemos, como Ingenieros, que tal Virtud no es perfecta sino que persigue la perfección y por eso el error es parte de la misma) y en parte pesimista, ya que el concepto vacuo de perfección no necesariamente conduce hacia la perfección misma, sino a algo desconocido, la muerte.

En síntesis, la aristocracia del mérito es una utopía irrealizable por la vacuidad conceptual que relativiza incluso al virtuoso y, como contraparte, al mediocre. Así, a pesar de que la psicología y la retórica del texto pueden estimular sentimientos nobles en la juventud, el fondo substancial del Hombre mediocre es el proceso de la historia, el cambio perpetuo en el que todo va hacia un fin desconocido que llamamos muerte.


Sobre esta noticia

Autor:
Esteban Paniagua Vega (2 noticias)
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Opinión
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J. J.danwcer (08/08/2009)

Señor, permita que me quite el sombrero ante su presencia.

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Américo V (19/08/2009)

Todo se reduce al ver las dos versiones cinematográficas de "El Caso Thomas Crow", en donde la mediocridad de un gerarca de las finanzas lo hace cometer crímenes y (¡Aunque usted no lo créa!), es perdonado por ratero original.
P.D.: Además, la película de "Los Mediocres" de los sesentas lo expresa bien.

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Usuario anónimo (19/08/2010)

Agradezco a las dos personas que se han tomado la molestia de dejarme un comentario. A ambos, muchas gracias.