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Notas en un cuaderno sobre el último Quebrantahuesos de Cazorla

26/02/2018 05:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hace unos días, haciendo limpieza en casa de mis padres me encontré con un pequeño tesoro que creía perdido desde hacía mucho tiempo. En un cajón, escondido debajo de un montón de papeles, bolígrafos y llaveros, apareció uno de mis viejos cuadernos de campo, pero no uno cualquiera, uno muy especial.

En ese cuaderno estaban anotadas mis observaciones desde febrero a octubre de 1984. Solo tenéis que restar para daros cuenta del tiempo que ha pasado desde entonces. Por aquella época, ni yo ni ninguno de mis amigos tenía coche, y todos los sábados nos arreglábamos para ir a ver bichos en autobús o a dedo, aunque lloviera, nevara o hiciera sol. La mayoría de los días íbamos a sitios cerca de casa, a la ría de Avilés, al puerto de El Musel o a la campiña en los alrededores de Oviedo. No necesitábamos ir más lejos, disfrutábamos con los petirrojos, con los mirlos, con los limícolas de la ría, con los colimbos del puerto de Gijón o los tritones y renacuajos de un bebedero de ganado en Pola de Siero.

También por aquella época empecé a fijarme en los cormoranes moñudos, esos bichos negros que criaban en los acantilados cerca de la casa de mis padres en Novellana y que visitaba cada vez que iba. Y lo anotaba todo en aquel cuaderno. Apuntaba lo que hacían, el tiempo que pasaban buceando, los cortejos y también hacía dibujos donde marcaba los nidos que iba localizando. Y curiosamente, algunas parejas, evidentemente no las mismas, siguen usando actualmente los mismos sitios para criar.

Pero cuando digo que este cuaderno era especial y distinto a los anteriores y a los que vinieron después, es porque en él están apuntadas todas las observaciones de la primera salida que hice a ver bichos fuera de Asturias, más concretamente a la Sierra de Cazorla, en un campamento que organizaba ADENA y en el que conocí a muchos de los amigos que afortunadamente aún conservo a día de hoy.

Y uno de los motivos secretos por el que nos habíamos decidido a solicitar fervientemente a nuestros padres que nos apuntaran a ese campamento era que en aquellas montañas decían que aún volaba un quebrantahuesos, el último que quedaba fuera de los Pirineos, el último superviviente después de muchos años de veneno y plomo. También es cierto que hacía más de un año que no lo veían, pero daba lo mismo, para eso íbamos nosotros, para verlo.

Repasando el cuaderno empecé a recordar todo lo que pasó aquel verano. Después de unos días en el campamento, en los que nos dejamos las pestañas mirando al cielo sin ver ninguna silueta sospechosa, nos enteramos de que la última vez que se había visto al quebrantahuesos había sido en la Nava de Paulo, una explanada a más de 1500 metros de altitud rodeada de unas imponentes moles de caliza donde según decían había criado por última vez y donde se localizaban varios canchales que usaba como rompedero.

No recuerdo como engañamos a alguien para que nos llevara hasta allí en coche, pero el caso es que a las 18:30 de la tarde del 8 de agosto de 1984 allí llegamos unos cuantos locos en pantalones cortos con intención de encontrar al quebrantahuesos. Durante la hora siguiente vimos varios gamos, muchos buitres leonados, colirrojos tizones, palomas torcaces y otros pájaros, pero lo mejor estaba por llegar.

A las 19:30 alguien se fijó en una silueta que se dirigía hacia nosotros. Llegó volando desde el valle y al llegar a la Nava perdió altura y pasó justo sobre nuestras cabezas, con sus enormes alas y su silueta inconfundible. De aquella no teníamos cámaras de fotos, ni por supuesto móviles, solo aquel cuaderno había guardado lo que el tiempo había borrado: " tenía las alas como una enorme gaviota, cuando pasó sobre nosotros vimos sus alas largas y oscuras, el pecho era dorado claro y la cabeza muy clara. Pasó tan cerca que le pudimos apreciar los bigotes a menos de 10 metros ".

La observación duró poco más de un minuto antes de que se perdiera de nuevo en el valle que quedaba a nuestras espaldas. Los dos días siguientes volvimos y tuvimos la suerte de verlo de nuevo. El día 10, mientras volaba sobre las cumbres de la Sierra de la Cabrilla, cerca de la Nava de Paulo, lo vimos entrar en una cueva que parecía ser un antiguo nido.

Todas esas observaciones, los dibujos de esa cueva y del rompedero donde lo vimos lanzar huesos parar bajar luego a comer los restos, quedaron registradas en el cuaderno

Pasados esos días, apenas se vio un par de veces más y finalmente, en 1986, dos años después de nuestra observación, el quebrantahuesos fue declarado extinto en la sierra, justo el año en el que se declaró el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas.

Poco después de esa fecha y en parte gracias al impulso que supuso la creación de ese espacio protegido, empezaron los trabajos para que la especie volviera a criar en estas montañas. En 1991, el CSIC avaló el proyecto de reintroducción y después de los trabajos de cría en cautividad dentro del proyecto Life Quebranta, varias decenas de quebrantahuesos fueron liberados en estas sierras.

En 2015, dos de esos ejemplares, bautizados como Tono y Blimunda, confirmaron el éxito del proyecto con el nacimiento del primer pollo en libertad después de su extinción. Habían pasado treintaiún años desde que aquel último superviviente hubiera dejado su huella en el viejo cuaderno de campo que me encontré por casualidad en un cajón en casa de mis padres.


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Autor:
Naturalezacantabrica (535 noticias)
Fuente:
naturalezacantabrica.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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