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La soga morada. A propósito del 8-M

11/03/2018 12:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Es un hecho: me estoy volviendo viejo. Ya soy mayor que un líder político de talla nacional como Albert Rivera y debe ser por eso que no lo entiendo. Ya hasta digo cosas de mayor como, por ejemplo: "!En mis tiempos se enseñaban buenos modales! ¿A dónde vamos a parar?"

Y sí. En mis tiempos nos enseñaban a los hombres la importancia de la caballerosidad. Aunque no lo explicaban así, la idea era que la caballerosidad era el peaje que había que pagar, mediante pequeños gestos que honraban los caprichos de la mujer, para mantener ciertos privilegios de hombre. Ceder el paso y la silla, pagar la cuenta del restaurante, ir de vez en cuando a películas románticas, regalar rosas el 8 de Marzo o, llegado el caso, dejarlas hacer huelga feminista un día, cosas de esas. Siempre con la sonrisa a flor de labios, mostrándose comprensivos. Así era en mis tiempos. A ningún caballero se le ocurría correr a quitarle a ella la única silla disponible, o imponerle siempre películas de guerra y partidos de fútbol, o negarle la rosa diciéndole que también debería haber un "día del hombre, " o rechazar una huelga feminista diciendo que atenta contra el capitalismo. ¡Por favor, qué juventud es esta! ¡Con lo fácil que resulta ceder una silla! ¡Con lo baratos que son algunos restaurantes! ¡Con lo agradable que es dormir una siestecita en una película romántica! ¡Con lo baratas que son las rosas! ¡Con lo breve que es un día de huelga comparado con 364 días de desigualdad de género!

Pero no. Los jóvenes como Albert Rivera no lo ven así. En mis tiempos a alguien así se le llamaría un grosero, un patán. Ahora en cambio lo llaman liberal. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Los jóvenes como Albert Rivera no lo ven así. En mis tiempos a alguien así se le llamaría un grosero, un patán. Ahora en cambio lo llaman liberal.

Pero, ¿qué es exactamente lo que ha cambiado? La educación no ha cambiado mucho; tampoco soy tan viejo. Las sillas en lugares públicos son hoy tan escasas como antes. El fútbol es tan interesante y hasta más rápido y técnico que antes. El 8 de Marzo ya existía cuando yo era joven y los años siguen teniendo 365 días de manera que una huelga sigue siendo una huelga. Lo que ha cambiado, y eso lo tiene claro Albert Rivera, es el capitalismo.

La piedra angular del liberalismo económico ha sido siempre la idea de que el libre mercado es el gran disolvente de las relaciones de poder injustas. Por eso tantos liberales se sentían a gusto celebrando la Revolución Francesa con su lema de "Libertad, Igualdad" (bajando la voz poco a poco para que lo de "Fraternidad" fuera apenas audible). En esta visión, la libertad de mercado es la garantía de la verdadera igualdad.

La piedra angular del liberalismo económico ha sido siempre la idea de que el libre mercado es el gran disolvente de las relaciones de poder injustas

Para ese tipo de liberalismo, no es necesario reestructurar el mercado laboral para mejorar los salarios. Lo que se necesita es que, con una combinación de libre despido y emprendimiento, los trabajadores vayan desplazándose a los puestos donde son más productivos. Tampoco es necesario asegurar la provisión pública de servicios sociales: cada individuo puede conseguir en el mercado el tipo de servicios que necesita. Un joven que no bebe alcohol ni consume drogas no tiene que sufrir la tiranía de subsidiar la sanidad de un disoluto. Quien valore las actividades al aire libre, puede simplemente migrar a una nueva urbanización en las afueras. No hay necesidad de imponerle a los demás que le subsidien ese placer manteniendo parques públicos en la ciudad. Y así sucesivamente.

Pero resulta que ha sido ya tanto el triunfo del capitalismo, ha sido capaz de penetrar en tantas esferas de la sociedad que ya no le quedan muchas. Y en las que quedan ya la cosa no es tan fácil.

En lo que hace a las desigualdades de género, es muy difícil argumentar que la solución sea simplemente más mercado. El "sector del cuidado" es muy difícil de mercantilizar. Algunas familias logran contratar algunos de esos servicios pero está claro que sería imposible convertir la totalidad del cuidado en una transacción mercantil. De modo similar, en teoría, darle más poder de mercado a las mujeres les permitiría salir de trabajos donde estén sometidas al acoso sexual. Pero sería una postura moralmente repugnante, reñida con todas nuestras intuiciones sobre la justicia y la dignidad.

Por eso no le falta razón a Albert Rivera cuando dice que la huelga feminista del 8-M era anticapitalista. Porque, en últimas, los problemas de género desmienten el postulado fundamental del liberalismo económico de que todo problema social se puede resolver con más mercado. Se trata de un acto de fe sobre el cual está construido todo un sistema de creencias, similar al papel que juega la resurrección de Cristo para la fe católica. De pronto eso explica por qué en este caso Rivera ha quedado del mismo lado que varios obispos.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2152 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
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